Recuerdo de chiquitito que mi papa me llevaba a los desfiles
en Valparaíso… siempre me llamaron la atención,
y la verdad es que crecí con aquello… creo que a El le debo gran parte
de mi vocación militar y de mi amor por este país tan bello llamado Chile… a El
le debo mi amor por este país y a mi abuelo el legado de ser naval… y ahora que
ah llegado septiembre, puedo mirar hacia atrás y no arrepentirme de la decisión
que tome al vestir el uniforme… en realidad no me arrepiento… y es mas… en
estos precisos momentos me remonto hace exactamente diez años atrás… en la
ciudad de Talcahuano… donde en una solemne ceremonia extendí mi brazo derecho,
junto a mis compañeros de promoción y jure…
“…por Dios y por esta bandera, servir fielmente a mi Patria…
ya sea en mar, en tierra o en cualquier
lugar… hasta rendir la vida si fuese necesario… cumplir con mis deberes
y obligaciones militares, de acuerdo a las leyes y reglamentos vigentes…
obedecer con prontitud y puntualidad, las ordenes de mis superiores… y poner
todo mi empeño en ser un marino valiente, honrado y amante de mi Patria…”
Y ese juramento, para
que sepan, esta aun mas grabado en mi
mente y en mi corazón… ahora que han pasado los años… soy un uniformado
orgulloso de pertenecer a esta tierra… libre y soberana… con un pabellón
inmaculado y con fuerzas armadas siempre vencedoras y jamás vencidas…
Viva Chile!!
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