miércoles, 19 de agosto de 2009

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Eustaquio era un muchacho incrédulo, pesimista y orgulloso, un día decidió alejarse del grupo de personas con el cual se encontraba… ante esto las cosas empezaron a darse en contra de El… se perdió en medio de una isla, hasta que su forma de ser se vio reflejada físicamente en forma de dragón… cuando el vio en la condición que se encontraba tuvo un cambio de actitud, pero faltaba lo mas importante: un cambio radical en su vida…

En el momento mas triste de su historia tuvo un encuentro con el gran León, Aslan… el cual transformo su vida por completo…

He aquí, una fiel metáfora de lo impresionante y radical que puede ser Dios cuando cambia la vida de una persona…

“… y yo sabia que tenia que hacer lo que me decía, así es que me puse de pie y lo seguí. Me llevo muy lejos por las montañas. Y siempre había ese claro de luna alrededor del León, dondequiera que fuera. Al final llegamos a la cumbre de una montaña que no había visto jamás, y en la cumbre de esa montaña había un jardín, árboles y frutas, y muchas cosas mas. Al medio había una fuente.

Supe que era una fuente, porque vi las burbujas de agua que subían desde el fondo, pero era mucho más grande que las mayorías de las fuentes, como un gran baño redondo, con escalinata de mármol que bajaba al fondo. El agua era tremendamente clara; pensé que si me metía adentro y me bañaba, se calmaría el dolor de mi pata. Pero el León me dijo que antes tenía que desvestirme. La verdad es que no tengo la menor idea si dijo una palabra en voz alta o no.

Estaba a punto de decirle que no podía desvestirme, porque no llevaba ropa, cuando me acorde que los dragones son especies de serpientes y que las serpientes botan la piel. OH!, claro, pensé, eso es lo que el León quiere decir. Y empecé a rascarme, y mis escamas empezaron a caer por todas partes; entonces me rasque un poco mas fuerte y, en vez de ser escamas que caían por aquí y por allá, toda mi piel empezó a despellejarse maravillosamente, como ocurre después de una enfermedad o como si yo fuera un plátano. En un par de minutos simplemente me salí de ella. La pude ver detrás de mí, con un aspecto bastante desagradable. Fue una sensación bastante deliciosa. Entonces empecé a bajar a la fuente, para darme un baño. Pero apenas iba a poner mi pie en el agua, mire hacia abajo y vi que estaba tan duro, áspero, escamoso y arrugado como antes. Esta bien – me dije-. Quiere decir que tengo puesta otra vestimenta más ligera bajo la primera y que también debo sacármela. Así es que comencé a rascármela y a desgarrar la segunda piel, que se soltó a las mil maravillas, y salí de ella y la deje tirada al lado de la otra y baje al pozo para darme mi baño.

Pero ocurrió exactamente lo mismo. Me dije: Ay Dios mío! cuantas pieles mas tendré que sacarme?... ansiaba bañar mi pata. Me rasque, pues, por tercera vez, y me saque la tercera piel tal como las dos anteriores, y Salí fuera de ella. Pero apenas me vi en el agua, comprendí que no había servido de nada.

Entonces el León me dijo, pero no se si me hablo o no: tendrás que dejar que te desvista yo.

No te puedo decir el miedo que me daban sus garras, pero ya estaba al borde de la desesperación, así es que simplemente me tendí de espaldas, para dejar que el me desvistiera.

El primer desgarrón fue tan profundo, que pensé que había ido directo al corazón, y cuando empezó a arrancarme la piel, sentí el dolor que eh tenido más grande en mi vida. Lo único que me dio el valor para aguantar fue el placer de sentir como se despellejaba esa cosa. Tú sabes…, si alguna vez te has sacado la costra de una herida. Duele como diablo, pero es tan divertido ver como sale.

-entiendo perfectamente lo que quieres decir- dijo Edmundo.

-bueno –continuo Eustaquio- entonces el León me saco esa maldita cosa por completo, tal como yo creía haberme arrancado las otras tres, solo que esas no me dolieron, y allí quedo tirada en el pasto, pero mucho más gruesa, más oscura y nudosa que las pieles anteriores. Y allí estaba yo, tan terso y suave como una varilla pelada, y mas bajo que antes. Entonces el león me agarro, lo que no me gusto mucho, porque estaba muy delicado por dentro ahora que no tenía piel encima, y me lanzo al agua. Me ardió muchísimo, pero solo un momento. Después el agua se volvió deliciosa, y en cuanto empecé a nadar y a chapotear, me di cuenta que el dolor de mi brazo había desaparecido. Y luego vi por que. Había vuelto a ser un niño. Quizás me parecerías un farsante si te digo lo que parecerían mis propios brazos. Yo se que no son musculosos y que dejan bastante que desear si los comparas con los de Caspian, pero estaba tan contento de verlos… después de un momento el León me saco del agua y me vistió…

- te vistió con sus patas???

- bueno, no me acuerdo muy bien de esa parte. Pero de una u otra forma lo hizo y con ropa nueva; en realidad, la misma que llevo puesta ahora. Y de repente me encontré de vuelta aquí…”

Extracto de Las Crónicas de Narnia tomo III

“La travesía del Explorador del Amanecer”

C.S. Lewis

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